Os presento otro de mis aceites esenciales favoritos: El aceite esencial de árbol de té.
Y es que me encanta tanto por su olor como por sus propiedades. Para mí es otro de los imprescindibles, de esos que si se me acaba, me vuelvo a comprar.
El árbol de té procede de Australia y recibe este nombre porque en el siglo XVII, el capitán Cook llegó a Australia en su expedición, y, ante la ausencia de la planta del té, preparó una infusión con las hojas de este árbol, que, en realidad se denomina: Melaleuca Alternifolia.
Pero Cook no descubrió la pólvora… Ya los aborígenes australianos utilizaban el árbol de té desde tiempos ancestrales por sus propiedades antisépticas y curativas.
Tiene un aroma fresco que resulta altamente estimulante y sirve para tratar un sinfín de dolencias tópicas.
Su mayor ventaja es que es antibacteriano, fungicida y antiviral. Se utiliza con éxito (diluyéndolo en un aceite vegetal, claro está) para eliminar los hongos y otras infecciones de la piel. No se debe consumir por vía interna ya que es tóxico.
Además, es cicatrizante, por lo que se recomienda aplicar en la curación de heridas y quemaduras. También funciona muy bien para ayudar a prevenir el acné, puesto que facilita la limpieza de los poros.
Viene fenomenal para tratar resfriados y gripes gracias a su acción expectorante. Nos ayuda a respirar mejor.
Por último, se recomienda añadirlo a los champús y mascarillas capilares, ya que es bueno para tratar la caspa y la alopecia prematura.
Para mí es uno de los aceites de mi kit más básico, y si estáis empezando con la cosmética natural, os lo recomiendo al cien por cien 🙂
Photo: Steven
