Parece que estar embarazada es abrir la veda para que gente de lo más diverso opine sobre ti y tu bebé.
No importa que no preguntes. No importa que su opinión te importe un bledo… En cuanto sepan que estás en pleno estado de dulce espera, querrán hacerte partícipe de su criterio. Y la verdad es que no es fácil. Cualquiera que haya pasado por ello lo sabe…
La crítica desinformada
Como ya me lo olía, una de las primeras cosas que hice en el primer trimestre del embarazo fue ponerme a estudiar nutrición vegetariana. Primero, para asegurarme de que no iba a tener ninguna carencia en los nueve meses que se avecinaban y segundo, porque ya sabéis que conocimiento es poder y tener más información que aquellos que te rebaten es algo imprescindible a la hora de argumentar. Y es que es extremadamente curioso… La mayoría de la población en los países desarrollados se alimenta fatal, abusa de los procesados, la comida preparada, el alcohol, la cafeína y el azúcar sin el más mínimo remordimiento de conciencia… pero sin embargo, se cree con derecho a decirte si tú comes bien o mal por el mero hecho de que eres vegetariano o vegano, cuando, curiosamente, son dichos colectivos los más formados, informados y preocupados por la salud. No sólo porque investigan y se interesan sobre los nutrientes que necesitan, sino porque, en general (y siempre habrá excepciones) optan por un estilo de vida más saludable.
Y que nadie me malinterprete. Creo que se puede llevar una dieta sana que no excluya la carne ni el pescado, si se tiene en cuenta el equilibrio entre nutrientes y se apuesta por los ingredientes de origen ecológico y la «comida real». Elijas la opción que elijas, lo importante es el balance y la ausencia de prejuicios… Si tú cebas a tu hijo a base de pizzas a domicilio, hamburguesas de fast food y chuches diversas, y contribuyes a criar un futuro diabético u obeso, por favor, abstente de darme lecciones que yo sé perfectamente qué necesita mi cuerpo y qué necesita el niño que estoy gestando y me encargo de proveérselo.
Hace poco salía en prensa la noticia de un bebé en Holanda que falleció a causa de la estupidez de sus padres, quienes le habían alimentado con leche vegetal al dar por sentado que era alérgico a la lactosa. Se dedicaron a autodiagnosticarle, en lugar de llevarle al médico. El bebé no sé murió porque sus padres eran veganos, sino porque eran idiotas. Y es que hay cosas con las que no se juega ni se experimenta, y una de ellas es la salud de tu hijo. Sin embargo, el aluvión de críticas fue hacia un tipo de dieta, en lugar de hacia unos padres inconscientes… Así es el mundo. Todos hablan y sólo unos pocos saben. Y pagan justos por pecadores. Niños mal alimentados los hay de todo tipo y condición, especialmente los hijos de padres con poco tiempo que tiran de calentar en cinco minutos en el microondas (Dime tú si eso es sano…)
Mi suplementación en el embarazo
Hace falta aclarar que soy vegetariana. Tras breves incursiones en otros tipos de dieta, el vegetarianismo es la que mejor se adapta a mí y es la opción que ya elegí cuando tenía cinco años. Trato de comer productos ecológicos y de origen ético siempre que puedo. Obviamente, a veces salgo a cenar fuera y hago excepciones menos saludables. No soy abstemia, pero durante el embarazo he suspendido al cien por cien el consumo de alcohol. También practicaba deporte dos veces por semana, aunque estos nueve meses, mi rutina más dura ha sido «caminar» (culpa de los síntomas y la desinformación, principalmente) Vamos, que mi estilo de vida era sano, pero no hiper estricto.
Al ser vegetariana y no vegana, nunca había tenido carencia de B12 en las analíticas, pero en vistas a que los resultados pueden estar falseados, y que obviamente el embarazo es un período de requerimiento especial, me empecé a suplementar. Mis vitaminas prenatales ya llevaban B12, pero además, he tomado una dosis extra diaria. Es necesario aclarar que si las personas que comen carne no tienen carencia de B12 es porque el ganado del que se alimentan recibe piensos suplementados ya con B12, puesto que esta vitamina se encuentra en las bacterias de la tierra y a no ser que consumas carne de pasto, no la obtienes si no es por suplementación. (Recomiendo comer carne de animales que han tenido una existencia mínimamente digna por cuestión de karma, ética y salud= «eres lo que comes» y nada es más importante que lo que te metes dentro, así que menos invertir en ropa y caprichos, y más en lo esencial, que parece que pagar por la comida es un lujo, pero gastarte 12 euros en una copa un viernes, no)
También me he suplementado con vitamina D. Ya llevaba tiempo tomándola antes del embarazo por prescripción médica. Y es que la mayoría de la población tiene carencia de esta vitamina debido al estilo de vida que llevamos en la actualidad y la cantidad de tiempo que pasamos sentados en una silla en frente de un ordenador… Aparte de que es un factor que afecta a la fertilidad, interviene en una diversidad inmensa de enfermedades. Si podéis pedir que os miren los niveles de vitamina D en vuestras próximas analíticas, nunca está de más…
Y eso es todo, esos han sido mis suplementos durante el embarazo: Las vitaminas prenatales, dosis extra de B12, y vitamina D.
Además, he garantizado la ingesta suficiente de proteínas recurriendo a legumbres, frutos secos, tofu y tempeh con asiduidad (sin olvidar que yo sí consumo ocasionalmente huevos de granja, yogures, quesos ecológicos y kefir) El segundo trimestre fue mortal porque me moría de hambre y abusé de hidratos de carbono… pero pienso que es lo que me pedía el cuerpo para el crecimiento del bebé… y el cuerpo es sabio, por lo que tampoco me torturé por el aumento de peso… Los tres primeros meses, con las nauseas, apenas tenía hambre, y en la recta final, el calor me ha llevado más hacia el consumo de fruta y verduras, aunque no me olvido de mis dosis de proteínas diarias… que ¡hey! no son patrimonio exclusivo de la carne.
Cuidarse y quererse
En fin, que si alguna de vosotras sois vegetarianas y habéis tenido hijos ya, sabéis por lo que se pasa… Parece que te tienes que justificar ante todo el mundo y aclararles el tipo de dieta con la que alimentarás a tu hijo. (Por cierto, mi bebé no va a ser vegetariano porque su padre no lo es y las decisiones sobre su educación y bienestar las tomamos de manera conjunta) Creo que es importante evitar la tentación de juzgar y limitar nuestros consejos para cuando nos los piden… Al menos, yo lo haré así cuando me enfrente al embarazo de otra persona, por una cuestión fundamental que se llama «respeto». Es muy importante saber de lo que uno está hablando e informarse antes de emitir opiniones y críticas.. Al menos es lo que yo pienso. Y esto se aplica a la alimentación en el embarazo, pero creo que se podría extrapolar a todas las áreas de la vida… No juzgues y no serás juzgado.
Peace & Love
