La ballena es un animal de poder muy especial y mágico y puedes considerarte afortunado si se encuentra en tu tótem.
Agua y aire
Su simbolismo evoca la sabiduría ancestral del planeta. Estamos ante un mamífero, el más inmenso de todos, que tras largos períodos de inmersión, se ve obligado a subir a la superficie a respirar aire fresco. Las almas guiadas por este bello animal, de igual manera, son capaces de soportar grandes presiones emocionales y sumergirse al cien por cien en situaciones difíciles que requieren de su buen hacer, pero periódicamente, necesitan desconectar y llenar sus pulmones de libertad, recordar de dónde vienen y quiénes son realmente. Y es que la ballena no olvida… y su mueve con soltura por la vasta inmensidad del mar.
Canciones del alma
Sus misteriosos y bellos cánticos desde siempre han fascinado al ser humano. Emiten sonidos para comunicarse y localizar otras ballenas. Nos recuerda la importancia de alzar la voz y transmitir un mensaje, de encontrar a los nuestros y conectar con ellos. Se trata de hablar desde el corazón, y respetar la tradición y a la familia. La memoria del origen y la fidelidad a los que amamos se convierten en pilares de la existencia.
Naturaleza emocional
Al ser el agua su medio, la ballena nos vincula directamente a la intuición y a la raíz de nuestras emociones. Para averiguar tu propia verdad y propósito, tan sólo tienes que conectar con el silencio. Medita y escucha a tu corazón para empezar a entender.
Su guía marca el comienzo del despertar espiritual. Se trata de desarrollar la creatividad y sacar el máximo partido a nuestro talento. Todos tenemos la capacidad de hacer algo bello, a veces, sólo nos hace falta dedicar el tiempo necesario a descubrirla.
Fortaleza y sensibilidad
Pese a ser animales gigantescos, las ballenas se mueven con agilidad y gracia a través de las olas. Su presencia es majestuosa e imponente, y a menudo, es referida como una experiencia mágica e inolvidable por aquellos que tienen la suerte de avistarlas. La majestuosidad de las ballenas nos recuerda el poder inmenso de la naturaleza y nuestra insignificante proporción. En una lección de humildad, quizás observarlas nos sirva para tomar conciencia de qué este mundo no nos pertenece, y de que no podemos seguir masacrándolo de la manera que lo hacemos.
Photo: Thomas Kelley
