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Venus versus Mercurio. ¿Belleza o inteligencia?

Hace años tenía un amigo que trabajaba de becario en la televisión y se quejaba de que las plazas que salían en su cadena se las daban a las chicas sólo por el hecho de ser mujeres y ser atractivas. Mientras que él, que a su juicio, estaba mucho mejor cualificado, continuaba trabajando en condiciones precarias. Por supuesto un razonamiento tan simplista me parecía patético y esa es sólo una de las muchas razones por las que acabamos distanciándonos.

A mi amigo nunca se le ocurrió pensar que tener tetas y tener cerebro NO es excluyente. Que quizás sus compañeras no conseguían el puesto por su talla de sujetador, sino por otras virtudes que él era incapaz de ver al tener la atención fijada en su canalillo.

Aunque muchos lo nieguen, las sociedades actuales, incluso las de los países más desarrollados, continúan siendo terriblemente machistas. Y lo peor es que muchas mujeres también lo son. Lo asumimos como algo natural. Las diferencias de género son reales. Hombres y mujeres no somos iguales, pero sí que valemos lo mismo. Hacer depender la valía de la mujer de su atractivo sexual es algo absolutamente deleznable. Y viceversa, la belleza muchas veces se paga caro: A una amiga de la facultad no le dieron un trabajo «por estar demasiado buena», unos chicos que conocí buscaban una compañera de piso que no fuera «demasiado guapa» para no perder la concentración. ¿Estamos locos o qué? 

No podemos llegar al punto de considerar la belleza un estigma. Está claro que el atractivo físico no es un mérito. Puede que hayas heredado la figura esbelta de tu madre, los labios carnosos de tu abuelo y la caída de pestañas de tu bisabuela. No has hecho nada para lograrlo excepto haber nacido con determinado grupo de genes. Pero lo mismo pasa con la inteligencia. Los padres listos paren hijos listos. Es así. No hay ningún mérito en tener un cociente intelectual por encima de 150 excepto el de provenir de una buena estirpe. Es un regalo, un don… que puedes aprovechar o desperdiciar. Y es en los esfuerzos que haces por desarrollar tu potencial donde reside el mérito. No en lo que te dieron de serie, sino en lo que tú logras construir.

Pero la inteligencia (Mercurio) se considera admirable, y la belleza (Venus) genera celos, envidias y la denigrante cosificación de la mujer. No siempre es así, pero muchas veces lo es.

Mercurio y Venus, en astrología, no son dos planetas excluyentes, al contrario, sus energías combinan muy bien. ¿Por qué nos empeñamos en disgregarlos? ¿Por qué a una mujer hermosa enseguida se la etiqueta como estúpida o limitada?

Tenemos la mala costumbre de infravalorar a Venus, pero todas las energías están presentes en nuestra carta natal. Tal vez sea el momento de replantearnos nuestros propios prejuicios, de preguntarnos qué parte de nuestra sombra remueve la contemplación de lo hermoso, y porqué somos capaces de invocar a Plutón y morirnos de celos si la que es admirada es la armonía de Venus.

 

 

 

Photo: Alba Soler

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