¿Habéis oído alguna vez hablar de la xenoglosia?
Se produce cuando una persona, en determinadas circunstancias (normalmente en estado de trance), es capaz de hablar en un idioma que no ha estudiado ni aprendido jamás.
La xenoglosia es fascinante porque es una de las pruebas más contundentes que se pueden encontrar sobre la reencarnación. ¿Qué otra explicación puede haber para que alguien domine un lenguaje con el que nunca ha tenido contacto? En realidad la ciencia propone otras explicaciones, como la memoria genética, el aprendizaje inconsciente o la telepatía (tampoco es que sean explicaciones muy científicas que se diga… ejem, ejem…) y hay incluso quien se pone tremendista y habla de la posesión demoniaca.
El caso es que después de haber investigado un poco sobre el tema, a mí la explicación que más me convence para la xenoglosia es que se debe a un recuerdo de vidas pasadas.
Diferenciamos entre dos tipos de xenoglosia, la recitativa, en la que el individuo habla pero no entiende lo que dice, y la sensitiva, en la que es capaz de mantener conversaciones.
Sobre este asunto, las investigaciones más interesantes son las realizadas por Ian Stevenson, psiquiatra canadiense, autor de varios libros de recomendada lectura, como Veinte Casos que hacen pensar en la Reecarnación
En el trabajo de Stevenson hay varios sucesos que se hicieron muy populares, como el de T.E, iniciales de una ama de casa estadounidense, que, en 1955, bajo hipnosis, decía ser Jensen Jacoby y era capaz de mantener conversaciones en sueco, lengua que le era absolutamente desconocida hasta el momento.
También es muy famoso el caso de Swarnlata Mishra, una niña hindú que con tan sólo tres años de edad recordó ser Biya Pathak y pidió que la llevaran a su casa. Dio muchos detalles de su vida previa y además, era capaz de hablar bengalí, lengua que nunca había aprendido.
Hay muchos más casos… Y ninguno tiene una explicación lógica. Pero dejan la puerta abierta a que sigamos siendo capaces de plantearnos preguntas. Y cuestionar siempre es bueno, lunáticos. Sólo el sabio es consciente de lo mucho que ignora 😛
Photo: Bárbara Andrade
