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Libertad versus Destino

 

Hace relativamente poco, una lectora afirmaba en un comentario que no tenía sentido emplear la astrología electiva porque, hagamos lo que hagamos, no podemos cambiar el destino. Me parece una perspectiva tan tajante, extrema y triste que necesitaba escribir sobre mi postura al respecto.

A ver, el debate es tan viejo como la vida misma. ¿Existe el destino? ¿Somos realmente libres? ¿Nuestro futuro depende de nosotros o ya está escrito?

Reconozco que desde que empecé a profundizar en mi estudio de la astrología me he vuelto un poco más determinista. Creo firmemente que hay experiencias por las que tenemos que pasar con el fin de aprender y volvernos más sabios. Bajo mi perspectiva, nuestra alma ha elegido unas vivencias buscando provocar la evolución que necesita. Y bueno, aquí estoy asumiendo un punto de vista muy kármico y entiendo que habrá lectores que no crean en el karma. 

Centrémonos entonces en la parte de  desarrollo personal, que en definitiva, es la motivación que me ha empujado a escribir este blog: El poder inspirar a la gente a llevar a cabo un estilo de vida más consciente.

Para mí, el sentido de la vida pasa por el crecimiento y el aprendizaje. Si damos por supuesto que la vida es una senda, se espera que, al llegar a la meta, lo hagamos como personas más sabias y completas que cuando iniciamos el camino. Eso sería lo lógico, lo deseable… Por desgracia, no siempre es así porque mucha gente vive de manera inconsciente y un tanto kamikaze.

¿Significa eso que el destino ya está escrito? Pues no, porque no lo está. Una cosa es que haya determinados puntos en la ruta por los que debamos pasar, sí o sí, (al fin y al cabo todos vivimos el Retorno de Saturno, la oposición de Urano… etc) y otra cosa es que no podamos elegir cómo recorremos el camino, si nos desviamos y cómo reaccionamos ante los eventos que debemos enfrentar. Si no existiera la libertad, ¿qué sentido tendría la vida? Sería tan solo un chiste, una broma pesada. Aparte de que estaríamos negando rotundamente nuestras responsabilidades. Nada sería culpa nuestra, sino del destino. Qué fácil y qué cobarde, ¿no?

Recordad que la carta natal es una promesa, no un yugo. Está llena de potencialidades, pero no todas se cumplirán, ni las buenas, ni las malas. Es el sujeto el que determinará con sus acciones el camino que va a recorrer. Por supuesto, la libertad absoluta es una utopía y en esta vida existen mil condicionantes. Es difícil llegar a jugar en la NBA si mides 1,45 m o participar en America´s Next Top Model si vas a cumplir 60 años y vives en Tailandia.

Un estudio en profundidad de la carta natal puede darnos pistas muy acertadas del abanico de posibilidades que se nos ofrece. Eso sí, debemos tener claro que nadie puede elegir por nosotros: Ni el padre, ni el marido, ni la novia, ni el mejor amigo, ni mucho menos el astrólogo. Una cosa es que te enseñen a jugar, y otra bien distinta que decidan por ti.

Sí queridos lunáticos, somos libres. Aunque sea terrible y amedrantador. Somos cómplices y responsables de aquello que nos sucede. Es cierto que en el camino encontraremos muchos elementos que no dependerán enteramente de nosotros, pero siempre, el cien por cien de las veces, podremos decidir la manera en la que reaccionamos y el cómo nos enfrentamos a las circunstancias. Y eso, amigos míos, es lo que marca la diferencia.

☮ & ♥︎

 

Photo: Victoria Nevland

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