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Los secretos de la Aromaterapia.

Quién no conozca el poder evocador de los olores, es que no ha leído a Marcel Proust. Y tampoco ha debido poner mucha atención, porque todos, en algún momento de nuestras vidas, casi como por arte de magia, hemos regresado a algún rincón de nuestra historia, ayudados por el impulso de un aroma. Puede ser el olor del bizcocho que cocinaba la abuela el responsable de que nos teletransportemos a nuestra infancia, o el perfume de un amante el que nos devuelve irremisiblemente a sus brazos, o quizás sea el olor penetrante a humedad el que te lleva a lejanas tierras que algún día habitaste…

Sea como fuera, la conexión de los olores con el cerebro es brutal. Y esto es algo que sabe la Aromaterapia. De hecho, se encuentra en sus mismos principios.

Si no has oído hablar nunca de la Aromaterapia, lo más seguro es que pienses que se trata de una terapia alternativa que consiste en curar con olores.

Y no vas mal orientado, pero la Aromaterapia es mucho más que eso. Para su aplicación, no nos sirve cualquier olor, sino que tenemos que hacer uso de los aceites esenciales, que no son otra cosa, que el alma de las plantas (así los llamaban los alquimistas) Y es que en el destilado de aceites esenciales, se extrae la parte más pura de la planta, lo que es su esencia. Esto vincula la aromaterapia, directamente con la fitoterapia, otra rama del saber apasionante, ¿no creéis?

Ojo, porque al usar los aceites esenciales, no se deben aplicar directamente sobre la piel, sino diluir unas gotitas en un aceite vegetal portador, como puede ser el aceite de oliva o el aceite de almendras, por ejemplo.

¿Cómo se usan los aceites esenciales?

Hay muchas formas de emplearlos. Los podemos echar en un difusor de ambiente, verter unas gotitas en un pañuelo e inhalarlas, poner también gotas en agua hirviendo y taparnos la cabeza con un paño para inhalar los vapores, diluirlo en un aceite portador y dar un masaje terapeútico, echar la misma dilución en la bañera… etc. Por supuesto, también se pueden utilizar en la elaboración de cosmética natural (ésta es la aplicación que yo más empleo)

El término aromaterapia se empieza a usar en Francia en la primera mitad del siglo XX, pero desde la Antigüedad, los aceites esenciales se han empleado con fines terapéuticos, prácticamente en todas las culturas. ¿Vamos a ser nosotros menos? 🙂

Poco a poco voy construyendo mi arsenal de remedios naturales de origen vegetal, y al trabajar con ellos, me siento como una pequeña druida, una alquimista o una chamana. Hay algo muy poderoso en la vegetación que me seduce y me impulsa a aprender más. (Si a ti también te gustan las plantas, quizás te interese este post)

En un mundo, en el que nos empeñamos en sustituir la sano y lo natural por químicos y aditivos, quizás nos sorprendamos al descubrir que la solución a muchos males, que la mayoría de las respuestas, las encontraremos al volver a las bases: A la justa y simple comunión con la Madre Naturaleza.

«Porque la mejor parte de nuestra memoria está fuera de nosotros, en una brisa húmeda de lluvia, en el olor a cerrado de un cuarto o en el perfume de una primera llamarada: allí donde quiera que encontremos esa parte de nosotros mismos de que no dispuso, que desdeñó nuestra inteligencia, esa postrera reserva del pasado, la mejor, la que nos hace llorar una vez más cuando parecía agotado el llanto.

¿Fuera de nosotros? No, en nosotros, por decirlo mejor; pero oculta a nuestras propias miradas, sumida en un olvido más o menos hondo. Y gracias a ese olvido podemos de vez en cuando encontrarnos con el ser que fuimos y situarnos frente a las cosas, lo mismo que él; sufrir de nuevo, porque ya no somos nosotros, sino él; y él amaba eso que ahora nos es indiferente.

En la plena luz de la memoria habitual, las imágenes de lo pasado van palideciendo poco a poco, se borran, no dejan rastro, ya no las podemos encontrar”.

Marcel Proust. – fragmento de «En busca del tiempo perdido»

Photo: Yvonne Raftery

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