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Vegetarianismo extremo

Cuando tenía cinco años dejé de comer carne. La historia es simple. Viendo la tele topé con un documental sobre la industria cárnica y de repente me di cuenta de que lo que había en mi plato era un trozo de vaca. Me sentí como una caníbal y me negué a comer animales.

Han pasado muchos años desde entonces y he vivido mucha historia: intentos por parte de terceros de reinsertarme en la sociedad carnívora, dudas razonables sobre qué dieta es realmente más sana… etc. La adolescencia comiendo en casa de mis abuelos tuvo como resultado que, en casos especiales, sea capaz de comer pescado (aunque no me apasiona especialmente) Su preocupación por mi salud era insistente y hasta yo misma me planteé cómo me había podido afectar la falta de B12 desde la más tierna infancia,

En mi caso, el vegetarianismo no fue una opción, fue una necesidad visceral. Comer carne me daba nauseas. Ni siquiera podía pasar por la parte de carnicería del supermercado o comer en un restaurante lleno de jamones o con trofeos de caza en la pared. Nunca me lo he planteado de otra forma… y, sin embargo, he sufrido el ataque de «auténticos» vegetarianos. A decir verdad, no me ha pasado muchas veces, pero sí que alguna vez me han acusado de ser «una falsa vegetariana» y me parece de coña.

Me denomino vegetariana porque el 95% de mi dieta lo componen hidratos de carbono, verdura y huevos. Leche no suelo tomar porque me sienta mal y pescado, en alguna ocasión que puedo comer sushi o mejillones, lo cual no es demasiado habitual.Si digo que soy vegetariana es porque es lo más fácil de entender si alguien me invita a comer, pero no lo soy de manera sectaria o dogmática.

Y es que creo que todo se trata de tolerancia… Llevo más de un año con mi congelador lleno de cadáveres. Para mí, cadáveres son trozos de vaca, cerdo o pollo.Hasta mis amigas más omnívoras se estremecen al ver la cantidad de carne que hay en mi nevera… Y es que el destino me retó a vivir con un carnívoro. Mi chico sólo consume proteínas animales. Diría que constituyen el 80 o el 90 por ciento de su dieta. Mi familia se había adaptado a mi vegetarianismo particular. Esta vez no va a ser posible. Los dos somos un conglomerado de signos fijos en nuestros mapas astrales y nuestra incompatibilidad alimentaria es evidente . Ninguno va a ceder… Así que lo he tomado como una lección de tolerancia y de flexibilidad. Cada uno se cocina lo suyo y ya está, pero cuesta trabajo, la verdad…

Toda esta historia viene a cuento porque el otro día leía acerca del sexetarianismo. Sí, sí… vegetarianos que sólo se acuestan con vegetarianos. Vegetarianismo extremo. Algo fanático a mi entender, pero cada uno es libre de hacer lo que quiera. Trato de alejarme de posturas radicales porque no me convencen nada… Más aún de las ideas y filosofías de carácter separatista.

Reconozco que este año me he sentido tentada a hacer mi vegetarianismo más radical. Intento ser justa con la industria alimentaria y comprar productos biológicos, huevos de gallinas en libertad,… etc, pero me estoy planteando abandonar la ingesta ocasional de pescado. Aún no he decidido si lo haré o no, pero creo que en cualquier caso, es una decisión personal. No podemos tratar de imponer a la sociedad nuestras creencias. Podemos luchar por un mundo más justo, porque desaparezcan las granjas animales en los que estos llevan una vida de sufrimiento para acabar en el matadero, por unos hábitos alimenticios más sanos… pero no podemos imponer nuestros puntos de vista a los demás. Cualquier tipo de fanatismo me parece una locura… aunque sea de tipo holístico.

¿Algún vegetariano más por ahí?  ¿Cuál es vuestra idea de una dieta sana? ¿Qué pensáis de los sexetarianos, los frutívoros, crudívoros y otro tipo de opciones más restrictivas? Sólo me preguntaba si estas opciones también las consideráis 😛

 

Photo: Mica Monkey

 

 

 

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