Del huerto urbano pasamos a las colmenas urbanas.

Hace unos años saltó la señal de alarma porque las abejas comenzaban a ser una especie amenazada. Sólo los necios no se dan cuenta de la importancia que puede tener este insecto tan pequeño dentro del ecosistema. Su papel esencial como polinizador de diversas especies de plantas, permite que muchos otros animales puedan alimentarse.

¿Habéis visto alguna vez trabajar a las abejas? El año pasado, estaba desayunando en la cocina, cuando una pequeña abeja se acercó a las plantas que tenemos en la ventana. Con sus patitas comenzó a formar minuciosamente una bola blanca de polen, y cuando estuvo preparada, se marchó volando. Puede que para alguien de campo, no tenga nada de especial este evento, pero yo, que soy carne de ciudad, me quedé embobada contemplando el trabajo de la abejita y mi corazón se llenó de amor, respeto y admiración. La desaparición de las abejas sería algo terrible para la Humanidad y para la Tierra.

Afortunadamente, la apicultura urbana se está poniendo de moda. De hecho, es la última tendencia en ciudades como Nueva York o San Francisco.

La apuesta fuerte de la cultura orgánica fomentó la proliferación de huertos urbanos. Y es que sí, muchos estamos empezando a preocuparnos por el origen de lo que comemos. No queremos meternos cualquier mierda en el cuerpo porque lo que nos estamos jugando es nuestra salud y nuestro equilibrio natural. Y aunque cada vez hay más productos orgánicos en todas partes (hasta en el supermercado), tener tu pequeño huerto en la terraza es la única manera fiable de asegurarte de que tus tomates no llevan pesticidas, ni ningún producto químico.

Siguiendo esa tendencia, llegan a nosotros las colmenas urbanas. De hecho, están colonizando las terrazas y azoteas de los edificios de Nueva York, por ejemplo. Algunos lo toman como hobby y otros llegan incluso a montar su propio negocio. Lo cierto es que cada vez tiene más éxito la miel artesanal etiquetada con “denominación de origen”  Las abejas de ciudad tienen una dieta más diversa que las de las grandes explotaciones, lo que contribuye a un mejor sabor de la miel, y además, se evitan los insanos pesticidas.

¿Cómo contribuir con este tipo de iniciativas?

Pues existen varias maneras. Si os animáis a adoptar la apicultura como hobby, lo suyo es que buscarais un taller de apicultura urbana, beekeeping o global beekeeping en vuestra localidad. Aunque lo más sencillo, es que la miel que elijáis para consumo sea de cultivos locales y de producción urbana 🙂

 

 

 

 

 

Photo: Gabriela Camerotti

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