Son tiempos difíciles en los que las personas buscan desesperadamente orientación. Reconozcámoslo: Los gurús están de moda. Molan, son muy cool y parecen tener todas las respuestas. Son como dioses, pero de carne y hueso, como tú, como yo y como todo hijo de vecino, sólo que un poquito más iluminados.

¿Y tú te vas a creer la historia así sin más? Internet ha sido un gran avance en nuestras vidas, toda una revolución, pero también tiene sus inconvenientes. Uno de los más graves (a mi parecer) es la facilidad con la que algunos han subido como la espuma del día a la mañana, partiendo de la nada. La Red amplifica como un gran altavoz las ideas (propias o prestadas) de quien sea.

Para ver a lo que me refiero sólo tenéis que echarle un ojo a este gráfico. Y que no haya malentendidos… ¡Adoro las redes sociales! Me dedico al Marketing on-line, por supuesto que pienso que son súper útiles y que constituyen una eficaz herramienta de democratización. Pero también han inflado el ego de los más ingenuos…

Basta crearse una cuenta en Twitter y empezar a mandar mensajes al mundo… Si lo haces medianamente bien puedes empezar a tener relativo éxito y a endiosarte… ¡Dios, mío! La gente me escucha… les encanta lo que digo. Debe ser que soy maravilloso, «un elegido».

Y sí, hoy proliferan los gurús como si se tratara de champiñones tras la época de lluvia. Nada tengo en contra de ellos. De hecho, algunos me gustan mucho. Me sirven de inspiración y me dan qué pensar. Hubo una época incluso, en la que me moría de ganas por encontrar el mío propio… Un sabio con un mensaje que entregarme, como el viejito de Karate Kid, mi gran maestro… ¿Cuándo aparecería? Pues aún sigo esperando amigos míos. Me quedé compuesta y sin gurú. O no. Porque todos los días aprendo.

De cada golpe que me llevo saco una enseñanza, con cada error, con cada fracaso… Los años no pasan en balde y yo soy cada vez un poquito más sabia. Mis enemigos me reiteran, generosamente, que algo debo estar haciendo mal para tener que enfrentarme con el mismo perfil de personas y de problemas una y otra vez… Mi chico, con paciencia, entiende nuestros roces de pareja como lecciones ineludibles de la vida y del amor (o me permite que yo lo entienda así) Todos los días me encuentro con enseñanzas de gurú, aunque vengan camufladas en el consejo de una buena amiga, entre las líneas de un libro, el estribillo de una canción o la escena clave de mi peli favorita… Y me gusta que sea así. Me encanta ir encontrando lecciones escondidas 🙂

Con esto, lo que os quiero decir, es que no necesitáis que ningún experto en coaching os desvele el secreto del éxito, que ningún astrólogo os marque el camino a seguir y que ningún iluminado os jure que ha descubierto el sentido de la vida. Cribad la información, cuestionad, poned en duda, consultad varias fuentes… No aceptéis cómo verdad lo que no habéis comprobado en vuestra propia piel. Que no os vendan dogmas, ni credos. Construid vuestras propias creencias a base de la experiencia. Desconfiad especialmente de la arrogancia y de la superioridad. Lo que más claro tiene el sabio es lo mucho que ignora. ¿Vas a creer al vanidoso?

El mejor gurú es la propia vida y si estás aquí es para aprender… No busques más lejos.

¡Feliz miércoles!

 

Photo: Cartel de la película Karate Kid

 

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