El aceite esencial de lavanda es uno de los primeros que deberíamos añadir a nuestra colección. Tanto si lo que nos interesa es utilizarlo en aromaterapia, como si queremos hacer nuestros propios perfumes naturales o cremitas.
Para usar los aceites esenciales hay que diluirlos en un portador o aceite vegetal (como por ejemplo, el aceite de almendras) porque de lo contrario, resultan muy agresivos para la piel. Sin embargo, el aceite esencial de lavanda es tan suave, que se podría aplicar directamente sin diluir.
Sus propiedades son sobre todo relajantes. Tiene un efecto tranquilizador y nos aporta calma. Está especialmente recomendado en casos de estrés, o incluso de insomnio, ya que ayuda a conciliar el sueño y reduce la tensión. También es analgésico y aminora el dolor. Las migrañas provocadas por estrés emocional o exceso de actividad mental pueden tratarse eficazmente con el aceite esencial de lavanda.
Su olor actúa como repelente de mosquitos, y en el caso de que estos ya nos hayan picado, podemos aplicar aceite esencial de lavanda para reducir la inflamación. Incluso puede ser de utilidad para aliviar los efectos de las quemaduras de primer grado y nos ayuda a acelerar el proceso de curación en cortes y heridas
En sus aplicaciones cosméticas, es muy útil para tratar el acné, por lo que no está de más tenerlo muy en cuenta a la hora de hacer nuestras cremitas.
Los champús también ganan si incluimos en ellos aceite esencial de lavanda. Ayuda a combatir la caspa, los piojos e incluso la alopecia.
También se usa para combatir la hipertensión y mejorar las digestiones.
En definitiva, el aceite esencial de lavanda es una especie de aceite comodín. Es útil para tratar un montón de males, huele fenomenal, es súper relajante y además poco agresivo. ¿Se le puede pedir algo más?
🙂
Foto: Danny Perez Photography
