¿Da el dinero la felicidad?

Buena pregunta… Y de difícil respuesta, la verdad… Nuestro lado más romántico nos impide creer que la abundancia monetaria es una fuente de felicidad sostenible. En la vida real, sin embargo, contemplamos a diario cómo se lucha y se mata por dinero, cómo el ser humano es capaz de corromperse por llegar a conseguirlo, cómo nos condiciona, nos manipula y nos limita… Cómo parece mover el mundo, al fin y al cabo, tal cual dicen por ahí.

¿Pero es verdad esta creencia? ¿Es el dinero tan importante?

Un estudio realizado por Harvard Business School ha demostrado que el nivel de abundancia de las personas más ricas ayuda a predecir su felicidad. Sí, tampoco es que se hayan tenido que romper mucho la cabeza para deducir que resulta más reconfortante llorar en un Ferrari que en la parada del autobús. Es de cajón. Pero el estudio también nos dice otras cosas como que son más felices los millonarios que labraron su fortuna, que aquellos que la heredaron. Esto nos lleva a afirmar que la superación, la realización y los logros personales son tan importantes o más que la cantidad de cifras de tu cuenta bancaria.

Entonces… ¿ganar el Euromillón me va a solucionar la vida?

No exactamente. Y es que a veces confundimos las churras con las merinas.

A pesar de que se ha demostrado que existe un umbral mínimo de ingresos ideal para el bienestar material (serían 77.000 euros anuales) y otro para el bienestar emocional (48.500 euros anuales), lo que es el papel no vale nada… El dinero en sí no implica nada, el valor se lo otorgamos nosotros porque podemos intercambiarlo por bienes y servicios en una sociedad en la que el consumo se ha convertido en una vía de escape. Compramos para olvidarnos de que somos infelices, de que nos hemos pasado 9 horas sentados frente a un ordenador desempeñando tareas que no soportamos, de que nuestra pareja nos ha dejado, de que hemos engordado dos tallas de pantalón, de que hace varios años que no salimos de vacaciones… Compramos como forma de anestesia. Nos automedicamos buscando una vía de escape. Y eso NO es sano.

Muchas de las personas a las que les toca la lotería no tardan en fundirse el premio y llegar a sus antiguos niveles de precariedad, siendo incluso más desgraciados que al principio. Y es que la abundancia no tiene nada que ver con el dinero. Erróneamente pensamos que el azar nos va a cambiar la vida, que un premio puede transformar la realidad… Cuando no es así. Para generar una vida próspera no necesitas cultivar las extravagancias y los lujos.

Una vida abundante

La abundancia, en realidad, comienza con tu actitud, con tu capacidad de valorar lo bueno que hay en tu día a día y cultivarlo, con tu intención de generar buena vibra y expandirla por el mundo, con una actitud confiada y generosa, que repele el miedo a la escasez, pero que también evita el gasto compulsivo que busca el alivio de carencias emocionales… Si eres incapaz de vivir una vida abundante ahora, poco importará que te toque el bote más extraordinario de cualquier sorteo… La prosperidad es una actitud, no un golpe de suerte.

Por eso te pido que agradezcas al universo todo lo que tienes, desde hoy mismo. Que dejes de centrarte en tus carencias y valores tus logros. Que contagies tu actitud a los que te rodean y permitas que el flujo de la abundancia siga corriendo en tu vida. Cada vez que abres la puerta al miedo, bloqueas tu felicidad; cada vez que confías, la expandes.

Aprendamos a mirar la vida con otros ojos y a sentirnos ricos desde el corazón. Porque contemplar el amanecer abrazando a quien amas puede hacerte sentir la persona más rica y afortunada del universo. No necesitas más.

 

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