A menudo escuchamos hablar del karma a gente que en realidad no está muy segura de lo que es. Hay personas que lo entienden como la Ley del Talión, una especie de “Ojo por ojo, diente por diente” o de controlar el comportamiento humano generando temor a las posibles consecuencias.

No es así. El karma no se basa en el miedo, sino que es una cuestión de pura lógica. Piénsalo: si te pasas la noche bajo la lluvia en manga corta durante el invierno, de seguro que acabas resfriado si es que no pillas una pulmonía; si te atiborras de helado, te dará una indigestión y si echas a correr con unos zapatos de tacón de aguja, es bastante posible que te tuerzas un tobillo… A esto se le llama “Ley de Causa – Efecto” y tiene mucho más que ver con el karma que las premisas anteriores.

En Occidente no estamos muy habituados al concepto de Reencarnación y por ello la idea del karma se nos antoja un poco rara… Las filosofías orientales han entrado pisando con fuerza en nuestra cultura y poco a poco muchos de nosotros nos vemos inclinados a buscar respuestas.

La palabra karma proviene del sánscrito y significa “acción”, haciendo referencia tanto a nuestras buenas acciones como a las malas. Pero estas acciones las vamos arrastrando de una vida a otra; por eso es necesario considerar la reencarnación. Se trata de una especie de “energía” que emana de nuestra forma de actuar. Imagina que cada alma tiene una hoja de contabilidad y en esa hoja se contabilizan tanto los ingresos (la energía positiva que creamos con nuestros buenos actos) como los gastos (la energía negativa que se crea cuando actuamos mal). En realidad estamos simplificando al máximo, pero es la forma más sencilla de comprenderlo. Todo queda registrado.

El karma no tienes porque vincularlo a la religión, tampoco tienes que verlo como un castigo o un destino… Es sólo una consecuencia. Hacer bien, nos hace felices; mientras que hacer mal nos hace desgraciados. Es así de simple. Podemos adornarlo con muchas más palabras y florituras pero se trata de una verdad universal. 

Creas o no creas en la reencarnación, sé un poquito más sabio/a y no culpes al karma cuando tengas una mala racha… En su lugar, ponte a trabajar en tu bienestar y en el de tu comunidad. Los efectos no tardarán en hacerse notar… Si todos nos esforzáramos tan sólo un poquito por hacer de este mundo un lugar mejor, nos ahorraríamos un montón de dolor y sufrimiento. Karma es aprendizaje, es crecimiento… Y en eso, andamos todos juntos en el camino.

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Photo: Hartwig HDK

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