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Flexitarianismo. Otra opción

Volvemos a hablar de nutrición, lunáticos. 😛

No sé si habréis oído hablar del Flexitarianismo. De hecho, es muy posible que alguno de vosotros seáis flexitarianos y ni siquiera lo sepáis.

El mismo nombre lo dice, ser flexitariano implica ser un vegetariano flexible. La mayoría de la dieta es vegetal, pero puntualmente se pueden comer alimentos de origen animal.

Quizás sea necesario aclarar conceptos respecto a los tipos de dietas a base de vegetales más comunes:

– VEGETARIANO: Es aquella persona cuya dieta está constituida por vegetales y productos de origen animal, pero no comen animales muertos. Esto es, pueden comer leche, huevos y miel.

– VEGANO: Su dieta es prácticamente igual a la de un vegetariano, pero excluye todos los productos de origen animal (leche, huevos y miel incluidos) También evita vestirse con prendas de origen animal (cuero, lana, seda) y utilizar cualquier tipo de producto que haya sido conseguido mediante la explotación animal (por ejemplo, la cera de abeja) La filosofía vegana es más comprometida que la vegetariana y tiene un componente reivindicativo y de lucha social.

– CRUDIVEGANO: Los crudiveganos introducen un alto porcentaje (entre un 70% y un 100%) en su alimentación de vegetales crudos, al considerar que cocinar los alimentos hace que pierdan la mayor parte de sus nutrientes. Su dieta es igual que la vegana, pero aumentando la cantidad de crudos. Su filosofía tiene mucho en cuenta la salud y el bienestar físico.

Y entre todas estas opciones, surge la figura del flexitariano como opción para todos aquellos que quieren llevar un estilo de vida más sano, pero que no se atreven a dar el salto.

Me considero una vegetariana que está intentando sacar los lácteos y el cuero de su vida, comer más crudo y que en alguna ocasión peca ante una fuente de mejillones con patatas fritas (al más puro estilo belga), así que quizás sí que podría decir que soy flexitariana…

La alimentación es fundamental porque somos lo que comemos. Y esta afirmación no es una frase hecha, es una realidad. Por eso, preocuparse un poquito a la hora de hacer la compra y no subsistir a base de comida basura me parecen dos premisas fundamentales.

Bajo mi punto de vista, el hombre es omnívoro, aunque en su dieta deberían prevalecer más los cereales, frutas y verduras. El problema no está tanto en comer carne o no, sino en la manera en que la sociedad moderna trata a los animales. Aunque resulte más cómodo no detenernos a reflexionar sobre el tema, una vaca NO es un producto, es un animal. Y aunque se encuentre en un escalón más básico de la pirámide alimenticia, no se merece vivir una existencia denigrante en la que sólo experimente sufrimiento. Y ya no es sólo que ella no se merezca eso… Es que tú te llevas su karma contigo al comértela (su tortura, sus miedos, su angustia, y como plus, toda la basura hormonal que le hayan dado para engordarla)

En las sociedades rurales había un equilibrio entre el hombre y la naturaleza. La sociedad industrial lo ha echado a perder. Y es que si en la naturaleza hay una justicia innata, en la actualidad llega el hombre y se toma la justicia por su mano, jugando a ser Dios…

Eso por no hablar de que el consumo masivo de carne no es sostenible. Hay un exceso de población. Para que todos podamos comer, habría que hacer cambios sustanciales en la manera que tenemos de alimentarnos e ir introduciendo una dieta más sostenible en todos los niveles.

Cambiar no es fácil. Menos aún cuando todo a tu alrededor parece indicar que tu estilo de vida es el normal y lo complicado consiste en ir contracorriente. Pero que «lo haga la mayoría» no significa que sea lo correcto. Todo lo contrario. La masa no suele pararse a pensar…

Con esto, introduzco la opción del flexitarianismo como una alternativa.

Quizás no quieras dejar de comer carne y pescado, pero tal vez puedas espaciar su consumo en el tiempo, aumentar la ingesta de verdura y fruta, y procurar que la carne que compres sea de origen ecológico, de animales que han vivido de manera digna y se han alimentado con productos naturales. Igual con la pesca… Recuerda que no es sólo un favor que les haces a ellos, sino que te lo haces a ti mismo/a y al resto del mundo. Puede que la cesta de la compra sea un poco más cara, pero ¿no merece la pena invertir en nuestra alimentación? Para mí, al menos, es lo más básico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Photo: Jurek D

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