Dice Sabina, no sin cierta sorna, que «los gimnasios están llenos mientras las librerías siguen vacías»
Me gusta hacer ejercicio. Aproveché mi Retorno de Marte para volver a practicar fitness y estoy súper feliz de la decisión tomada. Aún así, no me considero carne de gimnasio y la vanidad egocéntrica que provoca el culto al cuerpo no la soporto. Tampoco a los ligones de batido de proteínas… 😉
Pero no estoy de acuerdo con Sabina.
Para empezar, los gimnasios no están llenos… Bueno, quizás lo estén a principios de enero y en la primavera (véase propósitos de año nuevo + operación bikini) pero al cabo de un mes la gente abandona. Les falta disciplina, motivación y fuerza de voluntad.
Y segundo. ¡Sería maravilloso que estuvieran llenos! Pura sabiduría griega: Mens sana in corpore sano. La mismísima práctica del yoga se basa en una filosofía similar. ¿Por qué nos empeñamos en caer en los estereotipos?
No se trata de opciones excluyentes. Uno puede ir al gimnasio y leer. Es más: ¡Uno DEBE ir al gimnasio y leer! El problema está cuando perdemos el equilibrio.
Tan triste me parece aquel que está obsesionado con la firmeza de su anatomía, como el que no sale de casa porque se ha empeñado en aprenderse de memoria la wikipedia (se entiende que es una exageración)
Nos guste o no, ser humano implica tener un cuerpo. El desapego de la materia NO es bueno. Seamos sinceros, NO somos Buda. Y ya que tenemos un cuerpo y nos hemos «encarnado» en una vida humana, lo suyo es que nos encarguemos de nuestro físico con el cuidado y el amor que merece. Más que nada porque eso repercute en nuestra mente y nuestro estado ánimo.
Somos un todo, amigos míos. No podemos separar cuerpo y mente (o alma) sin morirnos 🙂
Y esta reflexión viene porque leí la frase de Sabina el otro día en el Facebook de algún amigo y me pareció que estaba llena de prejuicios. El problema no está en cuidarse. El problema está en perder el equilibrio, en olvidarse de que somos entes físicos, intelectuales y espirituales.
Photo: Tim Van Bergen
